Homenaje a la La Primera Mujer en España en ejercer la Medicina

Homenaje a la Primera Mujer en España en Ejercer la Medicina

 

La Primera Mujer en España en ejercer la medicina en la historia moderna fue la barcelonesa Dolors Aleu, nacida en 1857 y fallecida en 1913. Poco se sabe de su vida a través de los escritos que han quedado. Casi todo desapareció con su muerte. Las historias de sus pacientes, diarios, cartas, posibles textos de conferencias, libros o una simple receta…, todo quedó carbonizado por el fuego. Apenas han sobrevivido de las llamas algunas fotos y una carta a sus hijos. También la documentación que conserva el archivo de la Universitat de Barcelona, algún artículo en revista especializada, recortes de La Vanguardia y las cartas cruzadas del catedrático que la animó a doctorarse.

 

 

El Ministerio de Educación le Denegó la Solicitud de presentarse a los exámenes para obtener el título de Médico Cirujano.

 

Dolors Aleu i Riera nació en una familia pudiente de Barcelona. Su padre fue un alto funcionario policial de la ciudad que apoyó a su hija en su “extraño” deseo de emprender una carrera universitaria como la de medicina.

Era 1874 y el padre aceptó con la condición de que fuera acompañada por escoltas. Por lo visto, recibió alguna que otra pedrada a las puertas de la facultad, que entonces estaba situada en la calle del Carme, pero también los aplausos de sus compañeros estudiantes. No metafóricos. Aleu superó los cuatro cursos de medicina (1874-1879) con cinco premios de excepción. Sus notas son un elogio a su talento y esfuerzo. Quince sobresalientes y cinco notables de una veintena de asignaturas cursadas.

 

Aun así, toda esta excelencia no fue razón suficiente para el Ministerio de Educación, que le denegó la solicitud de presentarse a los exámenes para obtener el título de médico cirujano al año siguiente. Los funcionarios de Madrid escribieron a la universidad para comprobar la veracidad de lo que esta mujer refería, que se había matriculado y cursado la carrera de medicina. Querían saber cómo era Posible si no era Hombre. El centro respondió que no podían coartar los estudios a cualquiera que presentara el aprobado de bachillerato.

Junto a Dolors Aleu, otras dos Mujeres pugnaban por licenciarse y lo Consiguieron. Martina Castells, que murió de una complicación del embarazo poco después de obtener la licenciatura, y Elena Maseras, que, mientras esperaba a que autorizaran su solicitud, cursó magisterio y ejerció de maestra hasta su muerte.

El 4 de abril de 1882 llega la autorización para Aleu y se examina dos semanas después, el 19 y 20 de abril. Naturalmente, supera las pruebas. De inmediato se matricula para presentar la tesis doctoral, en octubre del mismo año. Escribe al catedrático Joan Giné y Partagás, que después sería rector de la UB, agradeciéndole sus consejos y apoyo “en las infinitas dificultades presentadas en mi carrera, siendo, en una palabra, el único que ha levantado su elocuente frase apoyando al sexo débil contra los ataques del fuerte”. En la misiva, comparte también sus dudas sobre la elección del tema de la tesis que quiere defender: “De la necesidad de encaminar por nueva senda la educación higiénico-moral de la mujer”. La presentación de un alegato en defensa de la educación de la mujer ante un tribunal de médicos que le había denegado los dos años anteriores su derecho a presentarse constituía un verdadero desafío al tribunal. Se jugaba el doctorado.

 

 

 

El catedrático Giné la anima: “Mi opinión es que debiera usted publicarlo, siquiera no fuese más que para dar patente muestra de que es merecedora del nuevo título académico que de hoy en adelante podrá usted ostentar, y para dar por sentado que hay mujeres españolas dignas del birrete doctoral de la Medicina”. Continúa diciendo que la ley les obliga a juzgar por la aptitud científica y no por su cualidad femenina. “Compadezca su miseria”, le aconseja. Y añade, de forma premonitoria, que el asunto de la tesis “tendrá, aún por mucho tiempo, el mérito de la oportunidad”.

La tesis es un escrito valiente, apasionado y revolucionario sobre la condición de ser mujer. Minucioso sobre aspectos como la diferencia de los cerebros o las aptitudes de cada sexo. Brillante en la narración. Y con un auténtico mensaje a favor de la equidad.

No importa la categoría social. Repasa la situación de todas. Obreras que trabajan hasta la extenuación en talleres insanos, acosadas por los hombres que, “desde el dueño al último mayordomo, se creen con derecho a empañar la honra de las infelices trabajadoras”. Campesinas que trabajan como sus maridos y luego deben ocuparse de los hijos que han parido y de las tareas del hogar. Las ricas “que se crían endebles”, con conocimientos de “adorno”, sometidas al “afán de lujo” por aburrimiento intelectual, cautivas de los corsés que deforman sus cuerpos y ponen en peligro sus vidas (“como si lo delgado fuera equivalente de lo hermoso”). “Nunca consentiría la mujer ser degradada si fuera más instruida”, escribe vehemente.

Respecto a la posibilidad de estudiar, señala que en las capitales del mundo las mujeres se instruyen y da el ejemplo de 200 señoritas que se licenciaron en Medicina en San Petersburgo en 1877.

La crítica al trato social que recibe la mujer es feroz. “Hemos sumido sus músculos en la inacción; hemos apagado el fuego de su inteligencia; hemos extremado su sensibilidad física; hemos fanatizado sus sentimientos; la hemos segregado del comercio social; hémosla despojado de todo derecho político; la hemos encerrado en el hogar; la hemos desposeído de aptitudes para el trabajo y la hemos incapacitado para ganarse el sustento, inutilizándola para vivir sin tutela…”.

En sus argumentaciones a favor de un cambio social destaca que la educación de la mujer revertirá en una mejora de la higiene, la sanidad y la cultura de los hijos, y se contará con su talento para el desarrollo del país.

 

 

 

 

 

El mismo año 1882 contrae matrimonio con el agente de bolsa Camil Cuyàs, con quien tendría dos hijos, Camil y Joan. Abre consulta en la Rambla de les Flors, 14 y una academia de artes y oficios para chicas con Esmeralda Cervantes, supuesta hija de Ildefonso Cerdà, con un programa de educación general, junto a conocimientos de higiene, medicina doméstica, comercio mercantil, taquigrafía… Lamentablemente, la falta de financiación obliga a su cierre dos años después.

En la consulta, cura a señoras burguesas que llevan años con dolencias ginecológicas sin atender, según explica, por vergüenza de acudir al médico. En su jornada laboral también asiste a las prostitutas, madres solteras, mujeres pobres del barrio chino. Y atiende a los niños huérfanos.

Con el tiempo, cambia su consulta a rambla Catalunya, 21 (entre la calle Diputació y Gran Via). Su hijo primogénito, Camil, sigue sus pasos y estudia medicina. En la carta que escribe a sus hijos sobre la sexualidad, se refiere con orgullo a la opción del joven. Desgraciadamente, en las prácticas que hace en el recién inaugurado hospital Clínic de Barcelona, un centro moderno que atiende a clases desfavorecidas, Camil se contagia de tuberculosis. Muere a los pocos días sin que su madre pueda hacer nada para salvarle. Tenía 23 años. Era una enfermedad devastadora que pocos años antes había acabado con la vida del rey Alfonso XII.

Probablemente hoy llamaríamos depresión a lo que padeció Dolors Aleu después del entierro de su hijo. No volvió a pasar consulta y se encerró en la torre del barrio de la Salut donde residía. Dos años después murió. La familia cree que no superó la pena.

 

Fue enterrada el 19 de febrero de 1913, ocho días después de morir, según consta en la esquela de La Vanguardia. El cortejo fúnebre fue largo y variopinto, relata la familia. Señores y señoras de la burguesía, como correspondía a su clase social y a la categoría de sus cientos de pacientes tratadas en veinte años de ejercicio, se mezclaban con mujeres de la calle del Raval, madres solteras y familias humildes que fueron a rendirle el último tributo. Unos 300 niños de la Casa de la Caritat acompañaron el coche de caballos con el féretro de la casa mortuoria de la calle Molist hasta la iglesia Sant Joan de Gràcia. Después se la llevaron hasta el camposanto de Montjuïc.

Tras su muerte, Camil quemó todas las pertenencias de su esposa. La razón se desconoce.

 

A pesar de que en los primeros años del siglo XX se produce un impulso en las reformas sociales que benefician el movimiento feminista, con reivindicaciones como la huelga de mujeres en el 1908 o el derecho al voto femenino en 1931, no fue hasta mediados del siglo XX que empiezan a licenciarse nuevamente médicas.

 

El impulso feminista de Aleu se desvanece también en su propia familia. No tanto por su ejemplo sino por la propia historia de España. Ni la que hubiera sido su nuera, casada con su hijo Joan, ni su nieta M.ª Teresa, ni sus tres biznietas emprendieron estudios superiores. Las tataranietas, como Núria Cuyàs, que es actriz, sí cuentan con título superior.

Núria explica que las representaciones, ya finalizadas, de Barbes de balena, que relata la vida de la doctora Aleu, han sido inesperadamente emocionantes por las confidencias que los espectadores han compartido al finalizar la obra sobre sus vidas o las vidas de mujeres cercanas. Como si los corsés de entonces no estuvieran del todo desatados.

 

Una vida ejemplar y admirable Doctora Aleu. Haré que este escrito se difunda por el mundo, es lo mínimo que podemos hacer por tí difundir tu brillante carrera como Persona y Profesional. Tomaremos ejemplo de tí.

 

 

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Un saludo,

Pilar Lopez Guirao.

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La Vanguardia, 2 de abril 2018

 

 

 

 

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